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viernes, 23 de enero de 2026

Cagancho

 Joaquín Rodríguez Ortega, conocido artísticamente como Cagancho, nació en Sevilla en 1903 dentro de una familia gitana de tradición torera. Su apodo procedía de su madre, apodada La Cagancha, una bailaora muy conocida en los ambientes flamencos.

Debutó como novillero en los años veinte y rápidamente se convirtió en una figura popular por su estilo artístico, lento y muy personal, aunque también por su irregularidad extrema: podía firmar una faena memorable o, al día siguiente, provocar una bronca monumental. Esta dualidad alimentó su leyenda y lo convirtió en uno de los toreros más comentados de su tiempo.

Su carrera estuvo marcada por altibajos, problemas de disciplina, retrasos y episodios polémicos que la prensa amplificó. Aun así, dejó una huella profunda en la tauromaquia por su estética y su personalidad imprevisible. Murió en México en 1984.

Cagancho dejó varios dichos populares y expresiones que circularon por toda España, sobre todo por su fama de torero irregular, capaz de lo mejor y de lo peor. No son refranes tradicionales en sentido estricto, pero sí frases hechas, muy conocidas y repetidas durante décadas. Una de ellas es :

Quedarse como Cagancho en Almagro

Se usa para describir un fracaso estrepitoso, una situación que sale rematadamente mal o una actuación desastrosa. Proviene de una corrida en Almagro (1933) donde Cagancho tuvo una tarde tan mala que el público terminó indignado y el episodio se convirtió en leyenda.



viernes, 21 de noviembre de 2025

Rafaelito Bienvenida, la joven promesa del toreo de 16 años, asesinado

 La ciudad de Sevilla se vio sacudida por un suceso trágico en la casa del extorero Ignacio Sánchez Mejías. Rafaelito Bienvenida, joven torero de apenas 16 años y miembro de una de las familias más célebres de la tauromaquia, fue asesinado por Antonio Fernández Gallego, administrador de las finanzas de sus hermanos.

El crimen ocurrió tras una breve discusión entre ambos, mientras se encontraban solos en un gabinete de la vivienda. Fernández disparó dos veces contra el muchacho —en la cabeza y en el corazón— y, acto seguido, se quitó la vida. El único testigo, Joselito Sánchez Gómez, hijo de Sánchez Mejías, no pudo intervenir a tiempo.

Las causas del enfrentamiento nunca quedaron claras, aunque se especuló con tensiones relacionadas con la gestión económica de la familia Bienvenida. La muerte del joven torero, considerado una promesa en los ruedos, provocó un multitudinario duelo en Sevilla, donde su figura adquirió un carácter simbólico: la víctima de un destino trágico que truncó la continuidad de una estirpe taurina.

Imagen: Biblioteca Nacional de España, 1933.