domingo, 8 de febrero de 2026

La tragedia de Gloria Martínez: cuando la búsqueda de belleza terminó en desfiguración

En  1933,  Gloria Martínez, una joven odontóloga madrileña marcada por las viruelas desde niña, decidió someterse a una operación de cirugía estética después de que un cirujano le prometiera que en un mes su piel quedaría “como nueva”.

El tratamiento fue extremadamente agresivo: le inyectaron sustancias en el vientre, le hicieron análisis constantes, le cortaron el pelo, le realizaron varias incisiones en la cara, introdujeron tijeras bajo la piel para cortarla y la sometieron a aplicaciones de una especie de “nieve” que le provocaba ampollas al contacto. A pesar del dolor y de las promesas, su rostro no mejoró; al contrario, quedó gravemente desfigurado, con cicatrices profundas, costras y zonas sin cabello. 

Al descubrir que otros pacientes tampoco habían sido curados, Gloria y su familia denunciaron el caso ante la justicia. Su historia se convirtió en un ejemplo trágico de los riesgos de buscar belleza mediante procedimientos irresponsables y mal practicados.

Imagen: Biblioteca Nacional de España, 1933.

miércoles, 28 de enero de 2026

Las playas del Manzanares: un verano madrileño entre maillots, piraguas y desnudistas despistados

 El Manzanares, se transformó al inicio del siglo XX en una especie de playa madrileña. Donde antes solo había silencio y algún pez despistado, en 1933 aparecieron señoritas en maillot, piraguas tambaleantes, concursos de natación y socorristas vestidos de marineros. Los periódicos incluso presumían de “pijamas elegantes” lucidos en la llamada Playa de Madrid. Bajo sus aguas, más que peces, circulaban cuerpos de todas las formas posibles.

La escena era un contraste continuo. Por un lado, los bañistas “finos”, capaces de pagar las tres pesetas que costaba el baño: jóvenes que no se mojaban ni un dedo, señoras que no cabían en las piraguas, caballeros serios con trajes de baño imposibles y señoritas con bañadores tan ajustados que parecían hechos con la tela de un guante. Por otro lado, la playa popular, río arriba, donde las familias humildes se bañaban sin preocuparse por el qué dirán. Allí, la madre se metía al agua con falda y sostén, el padre con calzoncillos largos, la niña con el guardapolvos del hermano y el pequeño con un maillot que parecía heredado de tiempos remotos. Reinaba la naturalidad absoluta.

La vigilancia no faltaba. Guardias de Asalto recorrían la ribera, no para proteger la ropa, sino para perseguir a los temidos “desnudistas”. Un día, un hombre que creía estar solo decidió bañarse con lo mínimo. Bastó que alguien lo viera para que el río entero se revolucionara. Gritos, carreras, insultos y una persecución digna de una cacería. El pobre hombre, más panza que cabeza, no sabía dónde meterse.

Los domingos eran un espectáculo aparte. Padres de familia nadaban con un pie apoyado en el fondo mientras pensaban en la tortilla y los filetes empanados que les esperaban en la orilla. Los niños se dormían al sol, los hombros se quemaban sin remedio y la vuelta a Madrid se hacía eterna, cargados de bártulos y cansancio.

Imagen: Biblioteca Nacional de España, 1933


domingo, 25 de enero de 2026

El Madrid F.C. afrontó una crisis interna en vísperas de la temporada de 1933

 El Madrid F.C. vivió en 1933 una etapa de incertidumbre tras la derrota en la final de Montjuïc. Aquella caída provocó la ruptura de la unanimidad dentro de la Junta Directiva, encabezada por Valero Rivera y Santiago Bernabéu, quienes desde entonces se consideraron en funciones y reclamaron la celebración urgente de una asamblea para devolver al club una dirección estable antes del inicio de la nueva campaña.

Bernabéu defendió entonces la importancia de la disciplina y de la renovación progresiva del equipo, recordando que la formación de un conjunto competitivo requería tiempo y que la afición debía aceptar que no siempre se podía ganar. El club intentó fomentar la presencia de jugadores madrileños, aunque la presión del público obligó a seguir recurriendo a fichajes de provincias, más costosos pero necesarios para mantener el nivel.

En el plano económico, la directiva reveló que el equipo generaba más de un millón de pesetas en ingresos anuales, pero también soportaba una nómina elevada y primas cuantiosas. La situación del campo de Chamartín añadió preocupación, ante el riesgo de una posible expropiación y la desproporción entre el valor real del terreno y la indemnización prevista.

Pese a las tensiones, el club incorporó nuevos valores —como el guardameta Campos, suplente de Zamora— y confió en que la Mancomunidad Castellana-Sur siguiera atrayendo al público madrileño. El Madrid F.C. cerró así un periodo de transición en el que buscó estabilidad institucional y solidez deportiva para afrontar con garantías la temporada que se avecinaba.


Imagen: Biblioteca Nacional de España, 1933.


El día que Franklin Roosevelt Jr. cumplió los 19 años en plena fiesta andaluza

En pleno verano andaluz, bajo un sol implacable y entre el aroma del campo, Franklin Roosevelt Jr., hijo del presidente de los Estados Unidos, vivió una de las jornadas más singulares de su viaje por España. Acompañado de su amigo Paul Drexel y del cónsul norteamericano en Sevilla, el joven universitario quiso conocer de cerca al toro bravo, símbolo indiscutible de la cultura española.

Su deseo no tardó en cumplirse. El ganadero Romualdo Arias de Reina abrió las puertas de su finca “Benamalillo”, en el término de Arahal, para ofrecer a los visitantes un auténtico día de campo andaluz. A caballo, Roosevelt recorrió la dehesa, observó el comportamiento de las reses y asistió a labores tradicionales como el acoso y derribo o la tienta de becerros, guiado por toreros y mayorales.

El joven estadounidense no dejó de formular preguntas. Admirado por la bravura del ganado y por la belleza del paisaje, confesó que su experiencia previa en Bayona le había dejado una impresión equivocada de la tauromaquia. “Aquí todo es distinto”, comentó, fascinado por la destreza de los toreros y la solemnidad del ritual.

La jornada adquirió un tono aún más festivo cuando se supo que Roosevelt cumplía 19 años aquel mismo día. Entre brindis, vivas y abrazos, la celebración se convirtió en una escena de fraternidad espontánea en la que participaron desde los anfitriones hasta los trabajadores de la finca. El joven probó gazpacho, degustó vino de Jerez y hasta se animó a posar con un capote, despertando la simpatía general.

La fiesta culminó con una juerga flamenca al aire libre, donde el cante y el compás pusieron el broche a una jornada que el propio Roosevelt calificó como “inolvidable”. Antes de marcharse, expresó su deseo de asistir a una corrida en Cádiz y anunció su intención de estudiar castellano para escribir sobre sus impresiones de Andalucía.

Cuando la comitiva abandonaba la finca, dos campesinas murmuraban entre risas: “Ese debe ser un señorito de muchas campanillas…”. “¡Y tanto! —respondió la otra—. Dicen que es como un príncipe de esas Inglaterras que están en América”.


Imagen: Biblioteca Nacional de España, 1933.


viernes, 23 de enero de 2026

Cagancho

 Joaquín Rodríguez Ortega, conocido artísticamente como Cagancho, nació en Sevilla en 1903 dentro de una familia gitana de tradición torera. Su apodo procedía de su madre, apodada La Cagancha, una bailaora muy conocida en los ambientes flamencos.

Debutó como novillero en los años veinte y rápidamente se convirtió en una figura popular por su estilo artístico, lento y muy personal, aunque también por su irregularidad extrema: podía firmar una faena memorable o, al día siguiente, provocar una bronca monumental. Esta dualidad alimentó su leyenda y lo convirtió en uno de los toreros más comentados de su tiempo.

Su carrera estuvo marcada por altibajos, problemas de disciplina, retrasos y episodios polémicos que la prensa amplificó. Aun así, dejó una huella profunda en la tauromaquia por su estética y su personalidad imprevisible. Murió en México en 1984.

Cagancho dejó varios dichos populares y expresiones que circularon por toda España, sobre todo por su fama de torero irregular, capaz de lo mejor y de lo peor. No son refranes tradicionales en sentido estricto, pero sí frases hechas, muy conocidas y repetidas durante décadas. Una de ellas es :

Quedarse como Cagancho en Almagro

Se usa para describir un fracaso estrepitoso, una situación que sale rematadamente mal o una actuación desastrosa. Proviene de una corrida en Almagro (1933) donde Cagancho tuvo una tarde tan mala que el público terminó indignado y el episodio se convirtió en leyenda.



El pistolerismo en Madrid en 1933

En 1933, Madrid vivía un periodo marcado por tensiones sociales, huelgas y enfrentamientos políticos que favorecieron la aparición de grupos armados vinculados a distintas organizaciones obreras y sindicales. Este fenómeno, conocido como pistolerismo, no fue exclusivo de la capital, pero sí dejó una huella significativa en su vida cotidiana y en el funcionamiento de las instituciones encargadas del orden público.

Los grupos implicados en estas acciones estaban formados por individuos jóvenes, a menudo con escasa experiencia, que actuaban bajo la influencia o dirección de militantes más veteranos. Su actividad incluía atracos, atentados selectivos y operaciones destinadas a obtener recursos económicos para financiar a sus organizaciones. La clandestinidad y la movilidad entre ciudades como Barcelona, Valencia o Madrid dificultaban su identificación y seguimiento.

La preparación de los atracos solía apoyarse en redes internas de información. Personas vinculadas a empresas o comercios facilitaban datos sobre horarios, movimientos de dinero o vulnerabilidades de seguridad. Este tipo de colaboración, voluntaria o ideológica, permitía planificar operaciones con un cierto grado de precisión. Las reuniones para coordinar estas acciones se realizaban en espacios discretos, como tabernas, cafés o zonas concurridas donde pasar desapercibidos resultaba más sencillo.

La Policía, por su parte, se enfrentaba a un desafío complejo. La legislación vigente limitaba las posibilidades de actuación preventiva: portar armas o reunirse clandestinamente no siempre implicaba penas significativas, lo que obligaba a las fuerzas de seguridad a intervenir principalmente cuando existían indicios claros de un delito inminente. Para contrarrestar esta situación, se recurrió a la infiltración de agentes en los círculos donde se movían estos grupos, una estrategia que permitió frustrar varios atracos y detener a sus participantes.

Algunos casos ilustran esta dinámica. En la Gran Vía, por ejemplo, una operación policial basada en meses de vigilancia permitió detener a un grupo que se preparaba para cometer un atraco. En otro episodio, relacionado con el Banco de Vizcaya, el seguimiento prolongado de un sospechoso procedente de Sevilla llevó a identificar a varios colaboradores y a intervenir antes de que se produjera un nuevo ataque. Estos ejemplos muestran tanto la capacidad de adaptación de los grupos armados como el esfuerzo institucional por contener su actividad.

El fenómeno del pistolerismo reflejó las tensiones sociales y políticas de una época marcada por la desigualdad, la conflictividad laboral y la polarización ideológica.

Imagen: Biblioteca Nacional de España, 1933