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sábado, 28 de febrero de 2026

Juan de la Cierva y el nacimiento del autogiro

 A comienzos del siglo XX, cuando la aviación apenas daba sus primeros pasos, un joven ingeniero murciano llamado Juan de la Cierva se propuso resolver un problema que los pioneros del vuelo aceptaban resignados: la fragilidad del aeroplano. Su obsesión era crear una máquina que pudiera volar con seguridad, incluso a velocidades muy bajas, y que no dependiera de grandes extensiones de terreno para despegar o aterrizar.

Entre 1911 y 1918, De la Cierva construyó tres aeroplanos. El último, un trimotor de diseño avanzado, se estrelló por un error de pilotaje. Aquel accidente, lejos de desanimarlo, le reveló algo esencial: el avión tradicional era demasiado vulnerable a la pérdida de velocidad. La barrena, ese enemigo mortal de los pilotos, era consecuencia directa de la propia naturaleza del aeroplano.

De la Cierva decidió entonces buscar un camino distinto. Si las alas fijas eran el problema, ¿por qué no imaginar unas alas que se moviesen por sí mismas?

La idea era audaz: un rotor cuyas aspas giraran libremente, impulsadas por el aire, generando sustentación incluso sin velocidad horizontal. El aparato no sería un helicóptero,todavía inexistente, sino una aeronave híbrida capaz de volar como un avión, pero con la seguridad de un paracaídas permanente.

Entre 1920 y 1924 construyó cuatro modelos experimentales. Los tres primeros fracasaron por un motivo que él mismo reconocería después: las aspas rígidas no permitían la flexibilidad necesaria. El cuarto, el C‑6, ya con aspas articuladas, logró por fin elevarse con éxito. El piloto Loriga lo llevó de Cuatro Vientos a Getafe, demostrando que el invento funcionaba.

En 1925, el Ministerio del Aire británico lo invitó a continuar sus investigaciones en Londres. Allí se creó una compañía dedicada al desarrollo del autogiro, y en 1928 De la Cierva realizó la travesía del Canal de la Mancha, un hito que consolidó la viabilidad del aparato.

A finales de los años veinte, el autogiro había alcanzado su forma definitiva: despegaba en apenas diez metros, aterrizaba prácticamente en vertical y podía volar a velocidades muy bajas sin riesgo de pérdida.

En 1933, De la Cierva veía en su invento una revolución comparable a la del automóvil frente al ferrocarril. El avión, decía, necesita aeródromos igual que el tren necesita estaciones. El autogiro, en cambio, podría operar desde casi cualquier lugar, acercando la aviación a la vida cotidiana. Aunque los ejércitos pronto se interesaron por su potencial, él insistía en que su propósito no era bélico. Su sueño era un cielo poblado por máquinas seguras, accesibles y manejadas con la misma naturalidad con la que millones de personas conducían un coche.

El autogiro no sustituyó al avión, pero sí abrió la puerta al desarrollo del helicóptero moderno. Su principio de rotor articulado sigue siendo fundamental en la aeronáutica actual.

Imagen: Biblioteca Nacional de España, 1933.




miércoles, 28 de enero de 2026

Las playas del Manzanares: un verano madrileño entre maillots, piraguas y desnudistas despistados

 El Manzanares, se transformó al inicio del siglo XX en una especie de playa madrileña. Donde antes solo había silencio y algún pez despistado, en 1933 aparecieron señoritas en maillot, piraguas tambaleantes, concursos de natación y socorristas vestidos de marineros. Los periódicos incluso presumían de “pijamas elegantes” lucidos en la llamada Playa de Madrid. Bajo sus aguas, más que peces, circulaban cuerpos de todas las formas posibles.

La escena era un contraste continuo. Por un lado, los bañistas “finos”, capaces de pagar las tres pesetas que costaba el baño: jóvenes que no se mojaban ni un dedo, señoras que no cabían en las piraguas, caballeros serios con trajes de baño imposibles y señoritas con bañadores tan ajustados que parecían hechos con la tela de un guante. Por otro lado, la playa popular, río arriba, donde las familias humildes se bañaban sin preocuparse por el qué dirán. Allí, la madre se metía al agua con falda y sostén, el padre con calzoncillos largos, la niña con el guardapolvos del hermano y el pequeño con un maillot que parecía heredado de tiempos remotos. Reinaba la naturalidad absoluta.

La vigilancia no faltaba. Guardias de Asalto recorrían la ribera, no para proteger la ropa, sino para perseguir a los temidos “desnudistas”. Un día, un hombre que creía estar solo decidió bañarse con lo mínimo. Bastó que alguien lo viera para que el río entero se revolucionara. Gritos, carreras, insultos y una persecución digna de una cacería. El pobre hombre, más panza que cabeza, no sabía dónde meterse.

Los domingos eran un espectáculo aparte. Padres de familia nadaban con un pie apoyado en el fondo mientras pensaban en la tortilla y los filetes empanados que les esperaban en la orilla. Los niños se dormían al sol, los hombros se quemaban sin remedio y la vuelta a Madrid se hacía eterna, cargados de bártulos y cansancio.

Imagen: Biblioteca Nacional de España, 1933


jueves, 5 de junio de 2025

El mitin de afirmación republicana en Valencia, 1931. Discursos de Azaña y Lerroux

 

A mediados de junio de 1931 se celebró un mitin en  Valencia para reafirmar la ideología republicana tras la proclamación de la Segunda República Española. Intervinieron dos figuras clave del gobierno: Manuel Azaña y Alejandro Lerroux.

Principales ideas del discurso de Manuel Azaña

  • La República no es fruto de unas elecciones, sino de una revolución previa. El 12 de abril fue solo un fallo de jurado popular entre el pueblo y la monarquía.

  • La revolución debe llegar "hasta la carne viva", eliminando todas las raíces del régimen anterior (la monarquía y sus estructuras).

  • No basta con expulsar a la familia real; hace falta una transformación profunda del Estado.

  • Azaña defiende una ruptura total con el pasado y una reconstrucción completa de la nación.

  • La justicia popular por los abusos y crímenes de la monarquía (como el fusilamiento de los sublevados de Jaca) no debe limitarse a los tribunales ordinarios, sino ser un juicio político en las Cortes Constituyentes.

  • Azaña subraya que lo importante no es redactar una constitución perfecta, sino que haya voluntad política real y revolucionaria para aplicar la justicia.

Principales ideas del discurso de Alejandro Lerroux

  • La República debe transformarse en una estructura social completa: educación, justicia, producción, reconciliación entre clases.

  • Propuso en Ginebra que Manuel B. Cossío (continuador de la obra educativa de Giner de los Ríos) fuese presidente de la República.

  • Insiste en que el maestro es la clave del futuro del país, más allá de los recursos materiales.

  • La República no es solo para los republicanos, sino para todos los españoles. Rechaza el sectarismo político.

  • Advierte que los partidos deben organizarse seriamente, no como "muchedumbres" que dificulten el gobierno.

  • Llama a la prudencia y a no alejarse del ritmo del pueblo, ni por exceso de prisa ni por exceso de lentitud.


Biblioteca Nacional de España, 1931.