Mostrando entradas con la etiqueta 1931. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 1931. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de julio de 2025

Castilblanco y Arnedo: heridas abiertas en la joven República

 A finales de 1931 y comienzos de 1932, la recién nacida Segunda República española enfrentó uno de sus momentos más críticos. En un país aún marcado por profundas desigualdades sociales, la tensión entre el movimiento obrero y las autoridades estatales, especialmente la Guardia Civil, desembocó en dos tragedias que conmovieron a la nación: los sucesos de Castilblanco y Arnedo.

El 31 de diciembre de 1931, el pequeño pueblo de Castilblanco, en la provincia de Badajoz, se convirtió en el escenario de un estallido de violencia sin precedentes. Lo que comenzó como una manifestación pacífica de campesinos organizados por la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra, reclamando mejores condiciones laborales y denunciando los abusos de las autoridades locales, terminó en una tragedia.

Tras una serie de tensiones y provocaciones, varios manifestantes atacaron a una patrulla de la Guardia Civil. Cuatro agentes fueron asesinados de forma brutal. El hecho, absolutamente condenable, no tardó en ser utilizado por sectores conservadores para atacar al Gobierno republicano, al que acusaban de permitir la disolución del orden y de no apoyar con firmeza a las fuerzas del Estado.

Apenas un mes después, el 5 de enero de 1932, Arnedo, en La Rioja, fue testigo de otro episodio de horror. Tras una huelga laboral y una serie de tensiones entre los trabajadores y un empresario local, una concentración pacífica terminó en tragedia. La Guardia Civil abrió fuego contra la multitud, matando a once personas, entre ellas mujeres y niños, y dejando decenas de heridos.

La indignación fue general. En las Cortes, el diputado socialista Sabrás relató con emoción y crudeza los orígenes del conflicto y cómo las dilaciones administrativas y el abuso de poder habían conducido a una matanza que podría haberse evitado.

El Gobierno, liderado por Manuel Azaña, tuvo que enfrentar un duro debate parlamentario. Mientras algunos sectores exigían mano dura y acusaban al Ejecutivo de debilidad, Azaña defendió con firmeza la legitimidad de la República y la necesidad de actuar con racionalidad, no con impulsos vengativos.

El presidente del Consejo dejó claro que la Guardia Civil no estaba por encima del Estado, sino al servicio del orden democrático. Planteó, además, la necesidad de revisar el papel de la Benemérita, creada para luchar contra el bandolerismo, pero utilizada en muchos casos como instrumento de represión social.

“Si la República no se bastase para resistir las pasiones y conjuras que contra ella se tramen, yo mismo la abandonaría”, declaró Azaña con firmeza.

Los sucesos de Castilblanco y Arnedo pusieron en evidencia las fisuras del nuevo régimen republicano, enfrentado a una sociedad polarizada, donde la violencia  encontraba terreno fértil.


Arnedo. Biblioteca Nacional de España, 1931.

miércoles, 23 de julio de 2025

La crisis de los obreros sin trabajo en el Madrid de 1931: un drama social urgente

En el Madrid de principios de los años 30, las calles mostraban un espectáculo preocupante y doloroso: obreros sin trabajo pidiendo limosna. Esta realidad, lejos de ser un simple problema puntual, reflejaba una profunda crisis económica y social que afectaba a muchas familias trabajadoras. Muchos de estos hombres, padres de familia en su mayoría, se veían obligados a salir a las calles con un gran pañuelo, implorando ayuda para poder alimentar a sus hijos y evitar la desesperación del hambre.

Sin embargo, no todos los que pedían caridad eran auténticos obreros en paro. Algunos aprovechaban la situación para mendigar sin verdadera necesidad, lo que generaba desconfianza entre los ciudadanos, quienes se mostraban cada vez más reticentes a colaborar. Este fenómeno complicaba aún más la difícil situación de quienes realmente sufrían la falta de empleo.

El problema se tornaba especialmente grave con la llegada del invierno. El frío y la lluvia impedían que estas personas pudieran permanecer largas horas en la calle, reduciendo la posibilidad de obtener ayuda. La precariedad extrema a la que estaban sometidos estos hombres y sus familias hacía temer consecuencias sociales aún más preocupantes, como el aumento de la delincuencia o la desintegración familiar.

Frente a este panorama, la opinión pública y la prensa hacían un llamado urgente al Gobierno para que tomara medidas inmediatas y efectivas. Se pedía que se buscara una solución que fuera más allá de la simple caridad, que permitiera reincorporar a estos obreros a una vida digna y productiva. La necesidad de activar políticas de empleo y asistencia social se hacía patente para evitar que las calles de la capital española se convirtieran en un refugio permanente para la pobreza y el desamparo.

Biblioteca Nacional de España, 1931.


martes, 22 de julio de 2025

Cómo se hacía y vendía el famoso turrón de Jijona en 1931

En 1931, durante la temporada navideña, el turrón de Jijona adquiría gran importancia en toda España. Este dulce se elaboraba principalmente con almendra, que representaba alrededor del 60% de la mezcla, mientras que el resto estaba compuesto por azúcar y miel en partes iguales. La almendra que se utilizaba para su fabricación provenía casi en su totalidad de la producción española, y Jijona consumía entre dos millones y medio y tres millones de kilos cada temporada.

El proceso comenzaba con el escaldado de la almendra para facilitar la retirada de su piel. Luego, la almendra se secaba en cámaras especiales y se sometía a máquinas que removían y retiraban la mayor parte de la piel. Sin embargo, para quitar completamente los restos de piel, se recurría a un trabajo manual delicado realizado casi exclusivamente por mujeres, quienes pelaban las almendras con gran destreza.

Tras este proceso, las almendras se secaban durante dos días en bateas y se tostaban para luego ser mezcladas con azúcar, miel y una pequeña cantidad de clara de huevo en grandes peroles de cobre calentados a vapor. La mezcla se removía hasta obtener una pasta espesa.

Después, esta pasta se pasaba por rodillos de piedra berroqueña que trituraban y homogeneizaban la masa. Finalmente, se sometía a un proceso muy cuidadoso en el que se golpeaba la mezcla con mazos para darle el punto exacto que caracteriza al turrón. Esta operación era tan delicada que solo los maestros turroneros la realizaban para evitar que el producto quedara demasiado triturado o, por el contrario, sin ligar.

La temporada de fabricación duraba desde mediados de septiembre hasta el 20 de diciembre, y la producción total de Jijona alcanzaba unas 150 toneladas, destinadas principalmente al consumo nacional. Además, el aceite de almendra dulce que destilaba del turrón se aprovechaba en farmacia, perfumería y lubricantes para motores, e incluso se exportaba a Alemania.

Terminada la temporada, los turroneros emprendían viajes por España y el mundo, llevando el turrón a lugares tan distantes como América, Australia y China, manteniendo así una tradición comercial que pasaba de generación en generación. A pesar de las largas giras, todos regresaban a Jijona, asegurando la continuidad de esta artesanía tan característica.

Biblioteca Nacional de España, 1931.


Una familia obrera con 11 hijos celebra la Nochebuena de 1931 en Madrid

En la víspera de la Navidad de 1931, un periodista madrileño retrató con empatía y detalle la vida cotidiana de una familia obrera de la capital: el hogar de Alberto Laborda de Miguel, de  46 años, exguardia de Orden público, y su esposa Alfonsa Castillo Aguado, de 42 años, padres de once hijos (de los 14 nacidos). Aquella crónica permitió asomarse a la lucha diaria de muchas familias humildes durante la Segunda República.

Instalados en un piso bajo del número 17 de la calle de Murcia, Madrid,  la familia sobrevivía con unos ingresos mensuales de 510 pesetas, procedentes de la pensión de jubilación por miopía aguda del padre y los sueldos de tres hijos que ya trabajaban. Alfonsa afrontaba  los gastos mensuales reduciendo raciones, remendando ropa y administrando cada céntimo como si hiciera milagros. “Más de veinticinco duros por encima de lo que recibo”, confesaba la mujer, sin que se le apagara la sonrisa ni el coraje.

El reparto era ajustado. Solo de pan consumían entre 24 y 25 duros mensuales. La carne para el cocido, las patatas, el carbón, el jabón, la luz, el alquiler, el médico, la ropa... todo sumaba en un presupuesto imposible. Y, sin embargo, en medio de aquella precariedad, Alfonsa no se quejaba. “Lo que se dice haciendo milagros, que es lo que mejor sabemos hacer los pobres”, respondía con una mezcla de resignación y sabiduría popular.

Cuando le preguntaban por los preparativos para la Nochebuena, Alfonsa respondía con una frase que resumía el espíritu de resistencia de millones de españoles en aquellos años difíciles:
—Vamos a ver, Alfonsa: ¿cómo piensan ustedes pasar la Nochebuena?
—¿Cómo pensamos pasarla? Pues como todas las noches: comiendo de lo que haya y a la cama temprano.
—¿Sin ningún extra de ninguna clase?
—Que no nos falte lo ordinario, y gracias.

Este relato iba mucho más allá de la anécdota navideña. Era el retrato fiel de una España que luchaba por salir adelante en medio de transformaciones políticas e incertidumbres económicas. 

Biblioteca Nacional de España,  1931.



Promulgación de la Constitución de 1931

 La votación de la Constitución de la Segunda República española tuvo lugar el 9 de diciembre de 1931 en el Congreso de los Diputados. Fue un momento histórico ya que marcaba el cierre del periodo constituyente iniciado tras la proclamación de la República el 14 de abril de 1931, y el inicio oficial de un nuevo régimen democrático y laico.

El acto comenzó con la lectura íntegra del texto constitucional por parte de un secretario, tras lo cual el presidente de las Cortes, Julián Besteiro, anunció el inicio de la votación. La sesión se desarrolló con el Congreso completamente abarrotado, reflejando la importancia del momento. Votaron afirmativamente 368 diputados, entre ellos figuras destacadas como Manuel Azaña, Largo Caballero, Lerroux y Fernando de los Ríos. Algunos grupos, como los agrarios y los tradicionalistas, se abstuvieron o ausentaron de la votación.

Tras conocerse el resultado, Besteiro proclamó oficialmente la promulgación de la nueva Constitución. En su discurso, el líder socialista destacó que la Carta Magna no era un punto final, sino el punto de partida hacia la consolidación de una España libre, democrática y moderna, en sintonía con el resto de los pueblos avanzados de Europa.

Dos días después, el 11 de diciembre de 1931, se celebró en el Congreso la ceremonia de toma de posesión de Niceto Alcalá-Zamora como Presidente de la República, elegido previamente por la Asamblea Constituyente. Durante el acto, Alcalá-Zamora pronunció su promesa solemne de cumplir y hacer cumplir la Constitución, y de consagrar su labor al servicio de la justicia y del país.

Paralelamente a estos acontecimientos, se vivió una crisis política iniciada por las dificultades de Azaña para formar un gabinete representativo. Su propuesta fue rechazada , lo que postergó la estabilidad del Ejecutivo. La crisis se resolvió en la madrugada del martes siguiente con la incorporación de Carner como ministro de Hacienda y Zulueta como ministro de Estado. 

Biblioteca  Nacional de España, 1931.



domingo, 20 de julio de 2025

La inauguración de los campos de Educación Física de la Ciudad Universitaria de Madrid

A finales de  1931 se produjo la apertura de la primera zona dedicada a la educación física en la Ciudad Universitaria.  Según el documento fundacional difundido por la Federación Universitaria Escolar Deportiva (F.U.E.D.), aquel campo no era un simple espacio de ocio. Su pista de ceniza de 300 metros, sus zonas para lanzamientos, saltos y carreras, eran una prolongación de la enseñanza. Como los antiguos griegos, se entendía el ejercicio físico como un entrenamiento del alma a través del cuerpo.

La educación física, decían, debía huir del profesionalismo y de los “espectáculos de gladiadores” para recuperar el valor del altruismo, la cooperación, el juego limpio, la resistencia y la caballerosidad. El deporte no debía formar campeones, sino ciudadanos éticos.

La primera zona deportiva constaba de cinco campos : atletismo, rugby, fútbol, hockey, béisbol y baloncesto, donde más de doscientos jóvenes podían ejercitarse simultáneamente. A esto se añadían canchas de tenis, duchas, vestuarios y casetas médicas, todo supervisado por el Patronato de Cultura Física. La salud y la preparación se volvieron asunto público, reglado, orientado.

Para participar, los estudiantes debían inscribirse, ser reconocidos médicamente y seguir un programa personalizado. 

El entusiasmo por los torneos y concursos inaugurales fue multitudinario. Las gradas, aun sin terminar,  se llenaron de espectadores madrileños curiosos por esta novedad universitaria. Aquel acto, más que un evento deportivo.

Biblioteca Nacional de España, 1931.


jueves, 17 de julio de 2025

Einstein en 1931. El futuro de la humanidad está en juego

 En noviembre de 1931, mientras el mundo se tambaleaba bajo el peso de una crisis económica global y el recuerdo aún reciente de la Gran Guerra,  Albert Einstein, ya entonces una figura de renombre internacional, alzó su voz no para hablar de ciencia, sino de paz. En un artículo publicado en The Nation (Nueva York), Einstein lanzó un llamado urgente a la conciencia de los pueblos ante el peligro inminente de una nueva catástrofe mundial.

"El genio inventivo del hombre ha creado en los últimos cien años maravillas técnicas que podrían haber hecho la vida libre y feliz", escribió. Sin embargo, el desarrollo moral y organizativo de la humanidad no acompañó ese progreso. Como una herramienta peligrosa en manos inmaduras, la tecnología ,lejos de liberar, agravó la desigualdad, sembró el hambre y ofreció nuevos instrumentos para la destrucción.

Einstein señalaba que el aspecto más alarmante del progreso técnico era su uso para fines bélicos: no solo para destruir vidas humanas, sino también los frutos del trabajo colectivo. La experiencia traumática de la Primera Guerra Mundial , que él llamaba  "los horrores inconcebibles de la Gran Guerra",  debía haber servido como advertencia. Sin embargo, los gobiernos del mundo, en lugar de abandonar la carrera armamentista, la intensificaban.

A pesar de este panorama sombrío, Einstein vislumbraba un rayo de esperanza. Algunos líderes comenzaban a mostrar una voluntad sincera de abolir la guerra. Pero esta intención, afirmaba, solo podría realizarse si se vencían las tradiciones militaristas, perpetuadas por sistemas educativos obsoletos y por una prensa que servía a los intereses de quienes lucraban con la guerra: los industriales, financieros y fabricantes de armas.

Einstein fue claro: "Sin desarme universal, no habrá paz duradera". Y centró sus esperanzas en la Conferencia del Desarme convocada por la Sociedad de Naciones en Ginebra para febrero de 1932, que consideraba un punto de inflexión para el destino del mundo. Si esa conferencia fracasaba, advertía, una nueva hecatombe era inevitable.

Pero no depositaba sus expectativas únicamente en los gobiernos. Einstein creía que la presión de la opinión pública pacifista era esencial: los estadistas necesitaban del apoyo masivo de sus pueblos para desarmar no solo los arsenales, sino también las mentalidades belicistas. "Todos y cada uno tenemos el deber de emplear nuestras fuerzas en cooperar al advenimiento de una opinión favorable al desarme", escribió.

Y cerraba con una lección profundamente humanista: no se requería el genio de unos pocos para lograr la paz, sino la honestidad y la voluntad colectiva de los pueblos, reflejada en la actitud sincera de sus representantes.

Por desgracia, como sabemos, locos años después,  vino la  Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial.


Biblioteca Nacional de España, 1931.



viernes, 11 de julio de 2025

La vida agitada de Peter Klems: soldado, desertor y rebelde

Peter Klems, nacido en Alemania y también conocido como Erich Müller, es una figura legendaria por su vida llena de contradicciones, deserciones y episodios épicos. Su biografía mezcla hechos bélicos con deslealtades y una pulsión por la guerra casi patológica. Su vida parece extraída de una novela de espías o de un drama existencial donde el protagonista no encuentra sitio en el mundo.

En 1921, Klems se alistó en la recién fundada Legión Española, usando el nombre Erich Müller. Llegó a Ceuta en condiciones físicas precarias, pero rápidamente destacó por su valor frío y metódico. Se ganó el respeto de sus superiores y el afecto de sus compañeros, convirtiéndose en sargento y, luego, en suboficial.

Durante la guerra del Rif, demostró una gran capacidad como combatiente: lideraba asaltos arriesgados, guarnecía blocaos y realizaba misiones peligrosas sin vacilar. Pero en noviembre de 1921, sin aviso alguno, desapareció del campamento de Zoco el Had. No fue una baja más: desertó al enemigo, algo casi impensable.

Pocos días después se confirmó que se había pasado al bando de los rebeldes rifeños. No solo cambió de bando, sino que organizó, entrenó y dirigió tropas indígenas contra los que habían sido sus compañeros. Con conocimientos militares europeos y una mente táctica excepcional, se convirtió en un peligroso jefe guerrillero conocido como El Hadj Alimán.

A pesar de su eficiencia militar, sus propios subordinados rifeños comenzaron a desconfiar de sus motivaciones. No comprendían por qué un europeo luchaba con tanto fervor por su causa. Temían una traición encubierta, por lo que algunos conspiraron para asesinarlo.

Klems, advertido por un fiel seguidor, abandonó el Rif y cruzó a la zona francesa, donde volvió a alistarse —esta vez en la Legión Extranjera Francesa. Allí repitió su historia: fue valiente, ascendió, fue citado con honores, y también desertó.

Nuevamente, Peter Klems volvió a unirse a las fuerzas rifeñas, pero esta vez al servicio directo de Abd-el-Krim, el líder de la resistencia contra los franceses y españoles. Klems ofreció su experiencia militar como jefe técnico. Abd-el-Krim, entendió el valor estratégico de aquel europeo errante y lo aceptó en su Estado Mayor.

Su participación fue clave en la resistencia hasta que Abd-el-Krim se rindió en 1926. Klems, fiel a su naturaleza, no depuso las armas. Se refugió con un grupo de rebeldes en las montañas hasta ser capturado por tropas coloniales francesas tras una emboscada organizada por el capitán Schmidt, del servicio de inteligencia.

Klems fue juzgado por un tribunal militar francés, condenado a muerte, pero su pena fue conmutada por cadena perpetua gracias a presiones diplomáticas. Fue enviado a la colonia penitenciaria de La Guayana Francesa, una prisión brutal que albergaba a criminales y rebeldes del Imperio Francés.

No tardó en escaparse, como otros célebres presos del penal (como Henri Charrière, conocido por Papillon). En 1930, fue avistado en Las Palmas de Gran Canaria, andrajoso, pero sereno, dando señales de inquietud. Su paradero posterior es incierto.

Biblioteca Nacional de España,1931.


jueves, 10 de julio de 2025

¿La carestía de la vida le ha obligado a usted a suprimir algún plato en casa?

 En 1931, el  periodista Julio Romano salió a las calles de Madrid con una pregunta sencilla pero demoledora: ¿La carestía de la vida le ha obligado a usted a suprimir algún plato en casa? Las respuestas, recogidas en un reportaje costumbrista de la época, revelan con crudeza cómo la inflación se traduce en hambre, privaciones y frustración.

Un obrero de entonces decía: “Gano ocho pesetas y tengo cinco bocas que son cinco máquinas trituradoras”. Su cocido, símbolo del alimento cotidiano del trabajador, se iba descomponiendo plato a plato. Un día desaparecía la carne, otro el tocino, luego el chorizo, hasta que solo quedaban las patatas. Y aun eso comenzaba a faltar.

Una modistilla decía, entre irónica y resignada, que ya no podía permitirse un vermut y que hasta abrir el apetito era peligroso, porque no había con qué llenarlo.

Un comerciante acaudalado confesaba al periodista que él no había recortado en comida, pero sí en placeres: “La vida se ha entristecido un 50%”, decía, refiriéndose a lo que ya no podía disfrutar. 

La historia nos  recuerda que la inflación no solo es un número abstracto ni un gráfico, lleva detrás  historias como las descritas y  no se mide solo en precios, sino en angustia por  la pérdida de lo que parecía garantizado. 

Quizá dentro de otros cien años, otro periodista salga a la calle, repitiendo la misma pregunta, y recoja respuestas similares. Esperemos que no.

Biblioteca Nacional de España.1931.


domingo, 6 de julio de 2025

La I Copa España 1931. La primera vuelta a España en aviones de turismo

 Del 20 al 26 de octubre de 1931, se celebró con éxito la I Copa España – Vuelta Aérea a España, la primera gran competición nacional de aviación turística. Fue organizada por la Federación Aeronáutica Española, bajo el liderazgo del comandante Pío Fernández Mulero, y tuvo un doble objetivo: fomentar la aviación civil y demostrar la viabilidad del transporte aéreo en España.

Esta competición aérea tenía como propósito impulsar la aviación de turismo en un país con tanta diversidad geográfica como España. Además, buscaba animar a los pilotos españoles a utilizar más frecuentemente los aeródromos disponibles, tanto civiles como militares, así como estimular la industria aeronáutica nacional para que fabricara avionetas modernas, seguras y confortables. También se pretendía despertar en el público general el interés por conocer España a través de un medio rápido, cómodo y económico.

El recorrido constó de cuatro etapas que sumaban un total de 3.147 kilómetros, con un tiempo máximo permitido de 44 horas de vuelo. Las rutas fueron: Madrid–León, León–Granada, Granada–Barcelona y Barcelona–Madrid. Además de la prueba principal, se realizaron pruebas técnicas previas de despegue, aterrizaje, velocidad máxima y mínima, confort, accesibilidad, visibilidad, y otros aspectos técnicos y de seguridad.

En total, se inscribieron 26 avionetas, de las cuales 21 participaron en las pruebas técnicas, pero solo 10 lograron completar las cuatro etapas debido a la exigencia del recorrido y las condiciones meteorológicas.

El ganador absoluto fue Fernando Flores Solís, quien voló en una Monocoupe 90 (EC‑MAA) y se llevó la Copa España, además de 10.000 pesetas en premios. En segundo lugar quedó Carlos de Haya, también con una Monocoupe 90 (EC‑APP), quien obtuvo 7.000 pesetas. El tercer puesto fue para José María Gómez Puss, a bordo de un Puss Moth (EC‑NNA), que recibió 5.000 pesetas.

Además de los premios por clasificación general y por etapas, se otorgaron reconocimientos especiales: 5.000 pesetas al mejor motor nacional, 5.000 a la mejor célula (estructura del avión), y 2.000 pesetas a la avioneta que combinara mejor seguridad y comodidad.

La Copa España 1931 se considera un éxito técnico y organizativo. Supuso un hito en la historia de la aviación española, no solo por el nivel de participación y respaldo institucional, sino también por su impacto en la opinión pública y en el desarrollo del transporte aéreo como alternativa viable. Esta primera vuelta aérea sentó las bases para futuras competiciones, como la proyectada Vuelta Ibérica, con participación portuguesa.

Biblioteca Nacional de España, 1931.


viernes, 4 de julio de 2025

El Madrid F.C. de 1931 y su excursión europea

 Durante el verano de  1931, el Madrid F.C. rompió con su tradición de centrarse exclusivamente en el fútbol al diversificar su actividad deportiva en Chamartín. Gracias a la gestión de Gonzalo Aguirre, se ofrecieron nuevas instalaciones como piscina, restaurante, y deportes como ping-pong, baloncesto o frontón, lo que generó un notable beneficio económico (50.000 pesetas frente a las 7.000 del verano anterior).

Además, el club realizó una exitosa gira por Europa Central (Hungría, Alemania, Checoslovaquia, Italia y Yugoslavia), obteniendo excelentes resultados tanto deportivos como financieros. Destacaron la entrada récord en Zagreb y una recaudación de 140.000 liras en Milán, de las que 32.000 fueron para el club. A pesar de los gastos en viajes, hoteles y primas, el club logró un beneficio de 6.000 pesetas.

La gira también fue ejemplar en términos de disciplina y camaradería. Aguirre valoró especialmente la cohesión del equipo y el rendimiento de nuevas incorporaciones como Quincoces y Ciriaco. En el aspecto deportivo, el club aspira a consolidar un equipo fuerte con figuras como Zamora, Regueiro o Hilario.

Biblioteca Nacional de España, 1931.


Madrid 1931: la mendicidad como espejo de una sociedad rota

 En 1931, en plena efervescencia republicana, Madrid se enfrentaba a una de sus contradicciones más dolorosas: el avance de las ideas modernas convivía con una realidad social profundamente desigual. La pobreza no era solo una estadística; se vivía a pie de calle, en cada esquina, en cada terraza, en cada iglesia. La mendicidad se había convertido en parte inseparable del paisaje urbano.

Un artículo publicado por Francisco Aguera denunciaba lo que se percibía como una "invasión" de mendigos. Se hablaba con crudeza de la mezcla de compasión y hartazgo que provocaban estas figuras humanas: inválidos reales, ancianos sin pensión, niños famélicos, pero también farsantes que fingían ceguera o enfermedad para obtener unas monedas. Muchos madrileños, movidos por la piedad o el hábito, les daban limosna. Otros comenzaban a mostrar cansancio, sospecha, hasta rabia.

Pero la reflexión de fondo iba mucho más allá de distinguir entre el “pobre honesto” y el “mendigo profesional”. Lo que ese testimonio retrata es una sociedad fracturada, donde el Estado apenas ofrece protección social, donde la caridad sustituye al derecho, y donde la miseria es tan común que ya ni sorprende.

A la vez, se denunciaban casos escandalosos de abuso: personas perfectamente sanas que mendigaban por costumbre; mujeres que utilizaban niños ajenos como reclamo para pedir, e incluso quienes simulaban enfermedades para manipular la compasión ajena. Este tipo de prácticas generaban un clima de desconfianza hacia la pobreza, lo que endurecía la mirada pública incluso hacia los necesitados auténticos. Y eso derivaba en una peligrosa banalización del sufrimiento ajeno.

No había una red de servicios sociales capaz de garantizar lo más básico: salud, alimento y refugio para los que nada tenían. El Estado, débil y todavía en construcción, apenas podía ofrecer soluciones estructurales. Las pocas instituciones existentes estaban desbordadas, y muchas veces reservadas a quienes tenían “contactos” o “recomendaciones”.

Todavía hoy, casi un siglo después, la mendicidad no ha desaparecido.  Y sigue habiendo ciudadanos que oscilan entre la solidaridad y el escepticismo, entre la compasión y la sospecha.

El Madrid de 1931 nos lanza un espejo incómodo: nos recuerda que la pobreza no es solo una tragedia individual, sino un fracaso colectivo, y que el verdadero progreso no se mide solo por los avances tecnológicos o los logros políticos, sino por la forma en que una sociedad trata a sus más vulnerables.

Biblioteca Nacional de España, 1931.



jueves, 3 de julio de 2025

El laberinto que remedia el insomnio: un antiguo remedio visual

En 1931, una nota curiosa apareció en publicaciones ilustradas de la época: un antiguo remedio proveniente de la India británica prometía curar incluso los casos más rebeldes de insomnio mediante un método sorprendentemente simple: seguir con la mirada las líneas de un laberinto visual colocado junto al lecho.

Un dibujo que debía contemplarse antes de dormir. La mirada del insomne debía recorrer lentamente su trazo, en una práctica que —según afirmaban — lograba calmar la mente y provocar el sueño antes del tercer intento.


Biblioteca Nacional de España,  1931.

miércoles, 2 de julio de 2025

Un nuevo medio de locomoción: el automóvil sobre rieles de Michelin


En la década de 1920, la innovación en transporte ferroviario recibió un importante impulso con la invención de un automóvil especialmente diseñado para circular sobre rieles. Este vehículo, desarrollado por los ingenieros de la reconocida casa francesa Michelin, utilizaba neumáticos adaptados para desplazarse sobre vías férreas, combinando así la flexibilidad de un automóvil con la estabilidad de un tren.

Este automóvil sobre rieles fue capaz de alcanzar una velocidad media de 80 kilómetros por hora, una cifra destacable para la época, especialmente en rutas ferroviarias secundarias o de baja demanda donde no era rentable operar trenes tradicionales.

El proyecto respondía a la necesidad de contar con medios de transporte más económicos y versátiles que facilitaran la comunicación entre pequeñas poblaciones o zonas rurales, adaptándose a líneas férreas menos transitadas. Michelin, ya famoso por sus innovaciones en neumáticos, aprovechó su experiencia para crear esta solución híbrida, que combinaba la tracción y estabilidad de las ruedas de caucho con el guiado firme que proporcionaban los rieles.

El automóvil sobre rieles de Michelin, inventado en los años 20, no tuvo éxito debido a problemas técnicos como el desgaste rápido de los neumáticos y la inestabilidad en las curvas. Además, su capacidad limitada lo hacía poco rentable frente a los trenes tradicionales, que contaban con infraestructura y mayor capacidad. También enfrentó competencia del transporte por carretera, más flexible y económico, lo que llevó a que esta innovación fuera finalmente abandonada.

Biblioteca Nacional de España,  1931.


La huelga general en Barcelona de 1931

 La trágica jornada de la huelga general en Barcelona en septiembre de  1931 se caracterizó por intensos enfrentamientos entre los sindicalistas y las fuerzas públicas. Todo comenzó en el domicilio del Sindicato de Construcción, donde los sindicalistas resistieron durante seis horas de tiroteo antes de rendirse. Con la condición de entregarse al Ejército en lugar de la policía, finalmente fueron conducidos a la Jefatura de Policía tras un intercambio de disparos que resultó en varias muertes y heridos. En las calles, se levantaron barricadas y hubo numerosos arrestos de huelguistas, destacándose la escena del cacheo bajo amenaza de fusiles en varios puntos de la ciudad.

Biblioteca Nacional de España, 1931.


lunes, 16 de junio de 2025

La "fiesta de la bandera" en Barcelona, en julio de 1931

 En Barcelona se celebró un acto simbólico en el que, por segunda vez, el Ejército de la República salió a la calle, esta vez para reemplazar oficialmente las antiguas enseñas por la bandera tricolor republicana. El evento tuvo lugar en el Paseo de Gracia, con la presencia de autoridades como Francesc Macià, Carlos Esplá y el general López de Ochoa.

Miles de ciudadanos asistieron. El acto cerró con un desfile ante la estatua de Prim.




Biblioteca Nacional de España, 1931.


martes, 10 de junio de 2025

La falta de baños públicos en el Madrid de principios del siglo XX

 

En junio de 1931, el alcalde Pedro Rico y algunos concejales, como el señor Sagaseta, advirtieron sobre la carencia de instalaciones públicas para la higiene de los madrileños, especialmente ante la llegada del calor y considerando que muchas viviendas carecían de baño propio.

Ya en años anteriores, se habían propuesto iniciativas como habilitar el estanque del Retiro para baños públicos y acondicionar zonas del río Manzanares con arenales para su uso recreativo e higiénico. Sin embargo, estas propuestas fueron ignoradas por el Ayuntamiento y la prensa.

Históricamente, Madrid había mostrado un desinterés persistente hacia los baños públicos, en contraste con la influencia árabe en otras regiones. Aunque en el siglo XIX existieron hasta 19 baños públicos en la ciudad, con el tiempo desaparecieron sin explicación ni oposición significativa.

El Manzanares fue durante mucho tiempo el único recurso para la población que buscaba refrescarse, a pesar de las precarias condiciones y la persecución de la Guardia Civil por las normas vigentes.

Pese al cambio de costumbres y el creciente aprecio por el agua, Madrid seguía sin dotarse de infraestructuras adecuadas para el baño.


Biblioteca Nacional de España,  1931.

Junio de 1931, el mitin de Esquerra Republicana de Cataluña y la presencia de su candidato por aquel entonces, Ramón Franco, hermano de Francisco Franco

 

Barcelona, junio de 1931,  en la Plaza Monumental de Barcelons y ante más de cuarenta mil personas reunidas en el coso y otras veinte mil que quedaron fuera por falta de espacio, la Esquerra Republicana de Catalunya proclamó su visión de una España renovada.

En aquel acto, junto al venerado Francesc Macià , hablaron figuras clave de la nueva política republicana, entre ellos el alcalde de Barcelona Jaume Aiguadé, el consejero Ventura Gassol, el abogado y tribuno Lluís Companys… y una presencia que sorprendió y emocionó: el comandante Ramón Franco, héroe del “Plus Ultra”, andaluz, republicano y revolucionario.

Ramón Franco, hermano del entonces coronel Francisco Franco, representó  el compromiso de una España unida desde la izquierda, que rechazaba tanto el separatismo ciego como el centralismo asfixiante. Cuando saludó a “una Cataluña libre” en nombre de “la Andalucía que quiere ser libre como ella”, la plaza estalló en una ovación unánime. 

Ramón Franco no fue allí un mero invitado, sino parte activa de la candidatura de la Esquerra. Su inclusión, junto a Ángel Samblancat y otros no catalanes, mostró que aquella formación política  tendía puentes entre los pueblos peninsulares. 

Durante el acto, pudo verse también cómo Macià, lejos de representar un proyecto separatista, se reafirmaba como el líder de una izquierda catalana profundamente hermanada con el resto de España. Lo dijo una y otra vez: no querían una Cataluña contra España, sino una Cataluña libre unida a una España libre. En aquel mitin, Macià y la Esquerra Republicana luchaban por una Cataluña libre y federada dentro de una España republicana, y no por su independencia. Lo que rechazaban era la España reaccionaria y monárquica, no la España democrática y solidaria.

Ante la posibilidad de que una mayoría conservadora en las Cortes Constituyentes impidiera la aprobación del Estatuto catalán, Macià aseguró que continuarían luchando no solo por la libertad de Cataluña, sino también por la libertad de toda España, convencido de que las izquierdas revolucionarias españolas los acompañarían en esa causa.

No olvidemos que nos situamos en junio de 1931, un momento en el que tanto la postura política de Ramón Franco como la de Esquerra Republicana estaba aún en proceso de cambio.

Biblioteca Nacional de España, 1931.



La catapulta que lanza aviones: un salto técnico en la aviación de los años 30

 

En junio de 1931, desde el aeródromo de Farnborough, en Inglaterra, se probó con éxito un invento que parecía sacado de la ciencia ficción: una catapulta terrestre capaz de lanzar aviones convencionales al aire en apenas 30 metros de recorrido. En una época en la que los aviones necesitaban al menos 300 metros de pista para despegar, esta innovación prometía revolucionar la logística militar y civil de la aviación.

El principio era sencillo pero poderoso: un motor de aire comprimido, anclado firmemente al suelo, generaba una fuerza equivalente a 3.000 caballos de vapor. Esta energía se transfería a un cable de acero enrollado en un tambor, que se aceleraba hasta 2.400 revoluciones por minuto. Un carro especial, enganchado a la cola del avión, era arrastrado por este cable a toda velocidad, impulsando al aparato. Justo antes de llegar al extremo del recorrido, el carro se desacoplaba, y el avión, ya en plena aceleración con sus motores encendidos, se elevaba en vuelo.

Durante las pruebas, aviones de más de siete toneladas fueron lanzados con éxito, lo que demostró la viabilidad del sistema. El objetivo era claro: facilitar el despegue en espacios reducidos, especialmente útil en entornos bélicos o terrenos accidentados donde no era posible construir largas pistas.

A pesar de su éxito técnico, el sistema no se adoptó de forma generalizada para la aviación terrestre. Las principales razones fueron su complejidad técnica, los riesgos que implicaba y la evolución acelerada de los motores aeronáuticos, que pronto permitieron despegues más cortos sin asistencia mecánica. Sin embargo, el concepto sí encontró un terreno fértil en el ámbito naval.

La idea de catapultar aeronaves fue refinada y perfeccionada en los portaaviones, donde se convirtió en una tecnología esencial. Durante la Segunda Guerra Mundial, y especialmente a partir de los años 50, las catapultas de vapor se hicieron comunes en los buques de guerra de Estados Unidos y otras potencias, permitiendo el lanzamiento de aviones de combate desde plataformas flotantes con espacio muy limitado.

Hoy, el principio de este viejo experimento sobrevive, modernizado, en las catapultas electromagnéticas que impulsan aviones desde los portaaviones más avanzados del mundo, como los de la clase Gerald R. Ford de la Armada estadounidense.

En la fotografía superior, el avión, ya lanzado, toma altura a treinta metros de su punto de arranque. Biblioteca Nacional de España, 1931.
Vista a nivel de cubierta de una catapulta a bordo del barco museo USS "Ronald Reagan" con un T-45C en posición de lanzamiento. Imagen  Wikipedia.



El fallido alzamiento de Tablada en 1931: Ramón Franco y el fantasma de la República Soviética en Andalucía


La primera vuelta de las elecciones generales de España de 1931, consideradas a Cortes Constituyentes, se celebró el 28 de junio de 1931. En las vísperas de unas elecciones que marcarían el rumbo de la Segunda República Española, Sevilla tuvo un  intento frustrado de sublevación con tintes revolucionarios, donde sargentos rebeldes y discursos incendiarios anunciaban la posibilidad de proclamar una "República libre de Andalucía". Al centro de este embrollo político-militar se encontraba una figura tan carismática como controvertida: Ramón Franco, aviador héroe del Plus Ultra y hermano del futuro dictador Francisco Franco.

En los días previos a las elecciones, Sevilla vivía un ambiente extraño. A pesar de que en las calles todo parecía continuar con una cierta apariencia de normalidad, corrían rumores cada vez más alarmantes. La campaña de los partidos de izquierda más radical, en particular comunistas y anarquistas, incluía discursos en los pueblos donde se incitaba a los obreros a abandonar el ocio, comprar armas y prepararse para "tomar Sevilla" y proclamar una república socialista.

Los relatos que traían algunos campesinos desde localidades como Morón contribuían a aumentar el pánico en los sectores burgueses y conservadores. Se hablaba de un inminente alzamiento, de repartir tierras, de tomar las fábricas y eliminar a los "señoritos". A ese contexto se sumaba la aparición de Ramón Franco como candidato por Sevilla, hecho que generó desconcierto incluso entre los círculos republicanos moderados.

Ramón Franco no era un personaje cualquiera. En 1926, había protagonizado la hazaña aérea del Plus Ultra, uniendo por primera vez España y América del Sur en hidroavión, lo que le valió fama internacional. Pero su trayectoria tomó un giro inesperado: desde el Ejército del Aire saltó a la política con una inclinación clara hacia el republicanismo y el socialismo revolucionario.

Su aparición en la campaña sevillana causó estupor. Mientras que los círculos aristocráticos lo veían como un perturbador, su figura era reverenciada por los sectores populares, que lo identificaban con un espíritu rebelde. Para muchos obreros y campesinos empobrecidos, su discurso conectaba con la promesa de una transformación radical.

El punto álgido de este episodio tuvo lugar en el aeródromo de Tablada, donde comenzaron a llegar misteriosos aparatos procedentes del norte de África. Se decía que eran "amigos de Franco" (Ramón), venidos a verle. Aunque oficialmente no se les atribuía ninguna función concreta, la atmósfera era de creciente tensión.

Según la información que llegó al Gobierno, el plan era  lanzar proclamas desde el aire para incitar a la guarnición a proclamar la República de Andalucía. En caso de negativa, se hablaba de bombardear cuarteles, bancos y edificios oficiales desde el aire. Paralelamente, una columna de campesinos avanzaría sobre Sevilla.

Todo esto coincidía con una estrategia propagandística sin precedentes: avionetas sobrevolaban la ciudad arrojando panfletos con el lema "¡Viva Andalucía libre!", exigiendo reparto de tierras y participación obrera en las fábricas.

El plan, sin embargo, nunca llegó a ejecutarse. La llegada del general Sanjurjo a Sevilla, con su autoridad militar y su fama entre los sectores castrenses, sirvió para desactivar parte de la conspiración. El sábado, día señalado para el alzamiento, algunos sargentos de Tablada se sublevaron en protesta por la destitución de Ramón Franco y el también aviador Rexach. Sin embargo, no lograron arrastrar al resto de las tropas. La oficialidad permaneció leal al Gobierno y, con el comandante Barión al mando, desarmaron a los sublevados, tomaron los armeros y se aseguraron el control del aeródromo.

Las elecciones se celebraron finalmente con una sorprendente normalidad, aunque con una notable vigilancia militar y policial. La participación fue alta, y el pueblo sevillano votó masivamente a los partidos de izquierda. Triunfó la coalición republicano-socialista, aunque también obtuvieron representación figuras radicales como el propio Ramón Franco y el poeta revolucionario José Antonio Balbontín.

El intento de sublevación quedó como un episodio oscuro, pero dejó huella. Fue un aviso temprano de los conflictos ideológicos y sociales que desgarrarían España pocos años después. Este incidente, hoy casi olvidado, revela las complejidades de una época marcada por tensiones irreconciliables. En Tablada no estalló la revolución, pero sí se encendió la chispa del miedo, la polarización y la incertidumbre. 

Ramón Franco siguió participando en política. Fue elegido diputado por Barcelona en 1931 y nombrado Director General de Aeronáutica. Sin embargo, sus relaciones con el Gobierno republicano se fueron deteriorando. Paradójicamente, con el paso del tiempo, su posición política dio un giro radical. Al estallar la Guerra Civil en 1936, Ramón Franco se unió al bando franquista, lo que provocó un enorme desconcierto entre quienes lo veían como un icono republicano. Murió en un accidente aéreo en 1938. 

Biblioteca Nacional de España, 1931.