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martes, 10 de junio de 2025

Junio de 1931, el mitin de Esquerra Republicana de Cataluña y la presencia de su candidato por aquel entonces, Ramón Franco, hermano de Francisco Franco

 

Barcelona, junio de 1931,  en la Plaza Monumental de Barcelons y ante más de cuarenta mil personas reunidas en el coso y otras veinte mil que quedaron fuera por falta de espacio, la Esquerra Republicana de Catalunya proclamó su visión de una España renovada.

En aquel acto, junto al venerado Francesc Macià , hablaron figuras clave de la nueva política republicana, entre ellos el alcalde de Barcelona Jaume Aiguadé, el consejero Ventura Gassol, el abogado y tribuno Lluís Companys… y una presencia que sorprendió y emocionó: el comandante Ramón Franco, héroe del “Plus Ultra”, andaluz, republicano y revolucionario.

Ramón Franco, hermano del entonces coronel Francisco Franco, representó  el compromiso de una España unida desde la izquierda, que rechazaba tanto el separatismo ciego como el centralismo asfixiante. Cuando saludó a “una Cataluña libre” en nombre de “la Andalucía que quiere ser libre como ella”, la plaza estalló en una ovación unánime. 

Ramón Franco no fue allí un mero invitado, sino parte activa de la candidatura de la Esquerra. Su inclusión, junto a Ángel Samblancat y otros no catalanes, mostró que aquella formación política  tendía puentes entre los pueblos peninsulares. 

Durante el acto, pudo verse también cómo Macià, lejos de representar un proyecto separatista, se reafirmaba como el líder de una izquierda catalana profundamente hermanada con el resto de España. Lo dijo una y otra vez: no querían una Cataluña contra España, sino una Cataluña libre unida a una España libre. En aquel mitin, Macià y la Esquerra Republicana luchaban por una Cataluña libre y federada dentro de una España republicana, y no por su independencia. Lo que rechazaban era la España reaccionaria y monárquica, no la España democrática y solidaria.

Ante la posibilidad de que una mayoría conservadora en las Cortes Constituyentes impidiera la aprobación del Estatuto catalán, Macià aseguró que continuarían luchando no solo por la libertad de Cataluña, sino también por la libertad de toda España, convencido de que las izquierdas revolucionarias españolas los acompañarían en esa causa.

No olvidemos que nos situamos en junio de 1931, un momento en el que tanto la postura política de Ramón Franco como la de Esquerra Republicana estaba aún en proceso de cambio.

Biblioteca Nacional de España, 1931.



El fallido alzamiento de Tablada en 1931: Ramón Franco y el fantasma de la República Soviética en Andalucía


La primera vuelta de las elecciones generales de España de 1931, consideradas a Cortes Constituyentes, se celebró el 28 de junio de 1931. En las vísperas de unas elecciones que marcarían el rumbo de la Segunda República Española, Sevilla tuvo un  intento frustrado de sublevación con tintes revolucionarios, donde sargentos rebeldes y discursos incendiarios anunciaban la posibilidad de proclamar una "República libre de Andalucía". Al centro de este embrollo político-militar se encontraba una figura tan carismática como controvertida: Ramón Franco, aviador héroe del Plus Ultra y hermano del futuro dictador Francisco Franco.

En los días previos a las elecciones, Sevilla vivía un ambiente extraño. A pesar de que en las calles todo parecía continuar con una cierta apariencia de normalidad, corrían rumores cada vez más alarmantes. La campaña de los partidos de izquierda más radical, en particular comunistas y anarquistas, incluía discursos en los pueblos donde se incitaba a los obreros a abandonar el ocio, comprar armas y prepararse para "tomar Sevilla" y proclamar una república socialista.

Los relatos que traían algunos campesinos desde localidades como Morón contribuían a aumentar el pánico en los sectores burgueses y conservadores. Se hablaba de un inminente alzamiento, de repartir tierras, de tomar las fábricas y eliminar a los "señoritos". A ese contexto se sumaba la aparición de Ramón Franco como candidato por Sevilla, hecho que generó desconcierto incluso entre los círculos republicanos moderados.

Ramón Franco no era un personaje cualquiera. En 1926, había protagonizado la hazaña aérea del Plus Ultra, uniendo por primera vez España y América del Sur en hidroavión, lo que le valió fama internacional. Pero su trayectoria tomó un giro inesperado: desde el Ejército del Aire saltó a la política con una inclinación clara hacia el republicanismo y el socialismo revolucionario.

Su aparición en la campaña sevillana causó estupor. Mientras que los círculos aristocráticos lo veían como un perturbador, su figura era reverenciada por los sectores populares, que lo identificaban con un espíritu rebelde. Para muchos obreros y campesinos empobrecidos, su discurso conectaba con la promesa de una transformación radical.

El punto álgido de este episodio tuvo lugar en el aeródromo de Tablada, donde comenzaron a llegar misteriosos aparatos procedentes del norte de África. Se decía que eran "amigos de Franco" (Ramón), venidos a verle. Aunque oficialmente no se les atribuía ninguna función concreta, la atmósfera era de creciente tensión.

Según la información que llegó al Gobierno, el plan era  lanzar proclamas desde el aire para incitar a la guarnición a proclamar la República de Andalucía. En caso de negativa, se hablaba de bombardear cuarteles, bancos y edificios oficiales desde el aire. Paralelamente, una columna de campesinos avanzaría sobre Sevilla.

Todo esto coincidía con una estrategia propagandística sin precedentes: avionetas sobrevolaban la ciudad arrojando panfletos con el lema "¡Viva Andalucía libre!", exigiendo reparto de tierras y participación obrera en las fábricas.

El plan, sin embargo, nunca llegó a ejecutarse. La llegada del general Sanjurjo a Sevilla, con su autoridad militar y su fama entre los sectores castrenses, sirvió para desactivar parte de la conspiración. El sábado, día señalado para el alzamiento, algunos sargentos de Tablada se sublevaron en protesta por la destitución de Ramón Franco y el también aviador Rexach. Sin embargo, no lograron arrastrar al resto de las tropas. La oficialidad permaneció leal al Gobierno y, con el comandante Barión al mando, desarmaron a los sublevados, tomaron los armeros y se aseguraron el control del aeródromo.

Las elecciones se celebraron finalmente con una sorprendente normalidad, aunque con una notable vigilancia militar y policial. La participación fue alta, y el pueblo sevillano votó masivamente a los partidos de izquierda. Triunfó la coalición republicano-socialista, aunque también obtuvieron representación figuras radicales como el propio Ramón Franco y el poeta revolucionario José Antonio Balbontín.

El intento de sublevación quedó como un episodio oscuro, pero dejó huella. Fue un aviso temprano de los conflictos ideológicos y sociales que desgarrarían España pocos años después. Este incidente, hoy casi olvidado, revela las complejidades de una época marcada por tensiones irreconciliables. En Tablada no estalló la revolución, pero sí se encendió la chispa del miedo, la polarización y la incertidumbre. 

Ramón Franco siguió participando en política. Fue elegido diputado por Barcelona en 1931 y nombrado Director General de Aeronáutica. Sin embargo, sus relaciones con el Gobierno republicano se fueron deteriorando. Paradójicamente, con el paso del tiempo, su posición política dio un giro radical. Al estallar la Guerra Civil en 1936, Ramón Franco se unió al bando franquista, lo que provocó un enorme desconcierto entre quienes lo veían como un icono republicano. Murió en un accidente aéreo en 1938. 

Biblioteca Nacional de España, 1931.



jueves, 29 de mayo de 2025

Ramón Franco, hermano de Francisco Franco, y la reconstrucción de la Aeronáutica Militar durante la Segunda República

En un momento crucial de la historia de España, tras la proclamación de la Segunda República, el comandante Ramón Franco, célebre por sus hazañas aéreas y su valor en situaciones extremas, asumió ,en 1931, un rol en la reorganización de la Aeronáutica Militar. Aunque su nombre era sinónimo de heroísmo en el aire, especialmente tras su histórica travesía en el hidroavión Plus Ultra y su lucha contra la tormenta cuando fue rescatado del naufragio del Eagle, su nueva tarea implicaba enfrentarse a un reto muy distinto: la reconstrucción burocrática y operativa de un cuerpo militar deshecho y carente de recursos.

En  1931, Ramón Franco dirigía desde un despacho del Ministerio de la Guerra una fuerza aérea que hasta entonces se había concebido más como una actividad deportiva que como un instrumento de defensa eficaz. Él mismo admitía que la aviación militar española requería un cambio profundo, orientándose hacia la profesionalización y eficiencia, aprovechando al máximo el capital humano, que consideraba excepcional.

Uno de los mayores obstáculos que enfrentó fue el colapso de la industria nacional relacionada con la aviación. Fábricas que antes empleaban a mil obreros especializados quedaron reducidas a menos de una décima parte de ese personal. Además, los presupuestos militares asignados para la aviación se habían reducido de manera drástica, pasando de un plan inicial millonario a una asignación mínima, lo que limitaba severamente cualquier posibilidad de desarrollo técnico y operativo.

Ante esta situación, Franco diseñó un programa inicial basado en la promoción de la aviación civil y la creación de una afición popular hacia las actividades aéreas. Para ello, impulsó la formación de secciones de propaganda y el fomento de vuelos sin motor, considerados útiles para el aprendizaje y para eliminar el temor de la población al espacio aéreo. Su idea era que, fomentando el interés en el mundo de la aviación, España podría construir una base sólida para el futuro de su aviación militar.

En el plano político, durante una entrevista realizada en mayo de  1931, Ramón Franco mostró su postura clara y honesta, aunque mantuvo una prudente reserva debido a su cargo oficial. Expresó su rechazo absoluto al comunismo, al que definía como una dictadura opresora, y defendió un programa de democracia real y pacífica. Su ideal político abarcaba el respeto a las leyes votadas en un Parlamento legítimo, la igualdad ante la justicia, la gratuidad y calidad de la educación adaptada a la capacidad de los individuos, la justa participación del trabajador en los beneficios del capital, y la redistribución de la tierra para quienes la trabajan. En suma, en  1931, Franco visualizaba una España que pudiera marcar el camino de la paz y la democracia en Europa, libre de extremismos tanto de derecha como de izquierda.

A pesar de su figura como militar, se definía a sí mismo como un hombre pacífico, al que la carrera militar le había llegado “por equivocación”. Durante la entrevista, mostró también su frustración por la falta de un himno definitivo para la República y por las dificultades cotidianas que enfrentaba en su puesto, incluyendo el tiempo perdido en atender peticiones de recomendaciones políticas y favores personales.

Biblioteca Nacional de España, 1931.



martes, 13 de mayo de 2025

La insólita entrevista de Ramón Franco antes de su fuga


En los años convulsos que precedieron a la Guerra Civil Española, uno de los episodios más singulares fue protagonizado por Ramón Franco, el célebre aviador republicano y hermano del futuro dictador Francisco Franco y republicano convencido por aquellos tiempos. Su detención en una prisión militar y posterior fuga no solo generaron revuelo político, sino que dejó una de las entrevistas más llamativas de la época.

A principios de 1930, Ramón Franco se encontraba recluido en una prisión militar de Madrid. Las autoridades lo acusaban  de mantener vínculos con elementos revolucionarios y participar en un supuesto complot. La detención tenía evidentes tintes políticos. Para visitarlo, incluso periodistas y altos mandos del Ejército del Aire debieron superar un sinfín de trámites burocráticos, algo inusual para una prisión militar.

Pese a las circunstancias, Franco se mostró relajado, irónico y seguro de sí mismo. Lucía barba en punta, una camisa desabotonada y llevaba consigo un ejemplar del libro de Trotsky sobre su vida, por el que mostraba gran admiración.

“Este hombre es brillante. Apenas he leído unos capítulos y ya me parece un estratega extraordinario”, comentó durante la charla.

En la entrevista, realizada por un periodista de la época junto a otros oficiales, Franco desmintió cualquier implicación política reciente:

“Dicen que me reuní con revolucionarios. En Barcelona fui a cabarets. En San Sebastián estuve tranquilo. Todo lo demás es fantasía.”

Mientras hablaba, su tono era despreocupado, casi desafiante. Reveló que se dedicaba a leer, hacer ejercicio y disfrutar de la soledad. Pero lo más sorprendente fue una frase que entonces sonó como una fanfarronada, y que hoy se recuerda como una premonición:

“Yo salgo en el momento que me dé la gana. Hoy mismo, si quisiera, me marcharía.”

Y efectivamente, pocos días después, Ramón Franco se fugó de la prisión. 

Biblioteca Nacional de España, 1930.