En los años convulsos que precedieron a la Guerra Civil Española, uno de los episodios más singulares fue protagonizado por Ramón Franco, el célebre aviador republicano y hermano del futuro dictador Francisco Franco y republicano convencido por aquellos tiempos. Su detención en una prisión militar y posterior fuga no solo generaron revuelo político, sino que dejó una de las entrevistas más llamativas de la época.
A principios de 1930, Ramón Franco se encontraba recluido en una prisión militar de Madrid. Las autoridades lo acusaban de mantener vínculos con elementos revolucionarios y participar en un supuesto complot. La detención tenía evidentes tintes políticos. Para visitarlo, incluso periodistas y altos mandos del Ejército del Aire debieron superar un sinfín de trámites burocráticos, algo inusual para una prisión militar.
Pese a las circunstancias, Franco se mostró relajado, irónico y seguro de sí mismo. Lucía barba en punta, una camisa desabotonada y llevaba consigo un ejemplar del libro de Trotsky sobre su vida, por el que mostraba gran admiración.
“Este hombre es brillante. Apenas he leído unos capítulos y ya me parece un estratega extraordinario”, comentó durante la charla.
En la entrevista, realizada por un periodista de la época junto a otros oficiales, Franco desmintió cualquier implicación política reciente:
“Dicen que me reuní con revolucionarios. En Barcelona fui a cabarets. En San Sebastián estuve tranquilo. Todo lo demás es fantasía.”
Mientras hablaba, su tono era despreocupado, casi desafiante. Reveló que se dedicaba a leer, hacer ejercicio y disfrutar de la soledad. Pero lo más sorprendente fue una frase que entonces sonó como una fanfarronada, y que hoy se recuerda como una premonición:
“Yo salgo en el momento que me dé la gana. Hoy mismo, si quisiera, me marcharía.”
Y efectivamente, pocos días después, Ramón Franco se fugó de la prisión.
Biblioteca Nacional de España, 1930.

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