viernes, 2 de enero de 2026

La renuncia por amor: la vida del ex príncipe Alfonso de Borbón y Edelmira Sampedro

 La historia de don Alfonso de Borbón y Battenberg, antiguo príncipe de Asturias, y la joven cubana Edelmira Sampedro fue, desde su origen, una de las más comentadas de la realeza europea del siglo XX. Su boda, celebrada en Lausana el 21 de junio de 1933, había sido presentada por la prensa como una auténtica novela romántica: el heredero que renunciaba a un trono por amor. Pero la vida que siguió a aquel enlace estuvo marcada por la enfermedad, las tensiones familiares y un destino trágico que terminó demasiado pronto.

Tras firmar su renuncia a los derechos sucesorios y perder todos sus títulos salvo el de conde de Covadonga, Alfonso se instaló con Edelmira en Evian, donde intentó llevar una existencia discreta, lejos de la etiqueta que tanto había detestado. Su salud, sin embargo, continuó siendo frágil. La hemofilia, que lo había acompañado desde la infancia, condicionó cada aspecto de su vida matrimonial.

La pareja vivió entre Suiza y Francia, tratando de mantener una normalidad que nunca llegó a consolidarse. Las presiones externas, la vigilancia constante de la prensa y las dificultades derivadas de la enfermedad fueron desgastando la relación. Finalmente, en 1937, Alfonso y Edelmira se divorciaron amistosamente. A pesar de la separación, ella conservó el título de condesa de Covadonga, y ambos mantuvieron un trato respetuoso durante años.

Tras el divorcio, Alfonso contrajo matrimonio en 1937 con Marta Esther Rocafort, una modelo cubana. Aquella unión duró apenas unos meses y terminó también en divorcio. Más tarde, en 1954, se casó por tercera vez con Emilie “Millie” Lawson, una estadounidense con la que tampoco tuvo descendencia.

Su salud empeoró progresivamente. A pesar de los avances médicos, la hemofilia seguía siendo una enfermedad de altísimo riesgo. El 6 de septiembre de 1938, con apenas 31 años, Alfonso murió en Miami tras sufrir un accidente de tráfico. Un golpe aparentemente menor provocó una hemorragia interna que los médicos no pudieron detener. Su muerte conmocionó a la prensa internacional, que recordó entonces la renuncia que había marcado su destino.

Edelmira Sampedro, por su parte, llevó una vida mucho más discreta. Nunca volvió a casarse y conservó siempre el título de condesa de Covadonga, que utilizó hasta su muerte. Vivió entre Cuba, Estados Unidos y Suiza, manteniéndose al margen de la vida pública y evitando cualquier explotación mediática de su pasado.

A pesar de la distancia y del tiempo, Edelmira siguió siendo respetada por la familia Borbón. Cuando Alfonso murió, ella fue reconocida oficialmente como su viuda, ya que su divorcio no había sido validado por la Iglesia. Falleció en Coral Gables, Florida, en 1994, a los 82 años, tras una vida marcada por la discreción y la dignidad.

Imagen: Biblioteca Nacional de España.


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