Hildegart Rodríguez (1914-1933) fue una de las figuras más precoces y brillantes de la Segunda República. Escritora, periodista y activista política, su vida estuvo marcada desde el origen por el proyecto ideológico de su madre, Aurora Rodríguez Carballeira, firme defensora de la eugenesia, que la concibió con el propósito de crear a la “mujer del futuro”.
Niña prodigio, Hildegart sabía escribir a los tres años, hablaba seis idiomas a los ocho y terminó el bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros. A los diecisiete años finalizó la carrera de Derecho en la Universidad Central de Madrid. Militó primero en el PSOE y después en el Partido Republicano Federal, fue miembro de la Academia de Jurisprudencia y Legislación y colaboró en numerosos periódicos y revistas como El Socialista, Heraldo de Madrid, La Libertad o La Tierra.
Destacó especialmente por su defensa pionera del feminismo y la educación sexual. En ensayos como El problema eugénico, La rebeldía sexual de la juventud o La educación sexual, abordó temas como el control de la natalidad, el divorcio, la maternidad consciente y la salud sexual, con una visión avanzada y conectada con los debates internacionales. Mantuvo correspondencia con intelectuales como H. G. Wells, Havelock Ellis y el doctor Gregorio Marañón, que influyeron en su pensamiento.
Sin embargo, tras esa trayectoria fulgurante se ocultaba una realidad de control absoluto. Su madre vigiló cada aspecto de su vida, impidiéndole cualquier autonomía personal. Cuando Hildegart intentó emanciparse y vivir con libertad, Aurora interpretó ese gesto como una traición a su proyecto. El 9 de junio de 1933, con solo 19 años, Hildegart fue asesinada por su madre mientras dormía.
En el juicio por parricidio, Aurora Rodríguez confesó el crimen y negó haber actuado bajo perturbación mental. Fue condenada a 26 años de prisión y murió en el sanatorio psiquiátrico de Ciempozuelos en 1955. El caso conmocionó a la sociedad española y contó con testimonios de figuras como Clara Campoamor.

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