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lunes, 4 de agosto de 2025

Las momias de Esquivias: una crónica de 1932

En abril de 1932, un grupo formado por la actriz Carmen Pomés, el fotógrafo Pepe Ortiz y el periodista  Juan G. Olmedilla  emprendió una excursión  desde Madrid hasta Esquivias, el pueblo toledano donde se casó Miguel de Cervantes. Lo que comenzó como una celebración cultural, un brindis en honor al autor del Quijote,  se convirtió en una inesperada inmersión en el mundo de los muertos: una visita al convento abandonado de la orden de los Capuchinos, donde descansaban, casi olvidadas, las momias del pueblo.

La crónica de aquel viaje, narra el hallazgo de más de una veintena de cuerpos momificados de forma natural. La mayoría, alojados en los nichos de una cripta polvorienta, otros sentados, maniatados o en posturas que a algunos lugareños les sugerían muertes poco convencionales. Incluso algunos testimonios hablaban de momias que conservaban corsés de seda o que parecían haber sido enterradas vivas.

Los habitantes de Esquivias recordaban con cierto desdén cómo, años atrás ,y especialmente durante la dictadura de Primo de Rivera, se produjo una curiosa y absurda danza burocrática en torno a las momias del convento. Cinco de ellas fueron trasladadas al salón de sesiones del Ayuntamiento, con la pretensión de convertirlas en un monumento nacional. Sin embargo, lejos de recibir un homenaje digno, el nuevo entorno aceleró su deterioro. Poco después, fueron devueltas discretamente a la cripta, donde el polvo, la penumbra y el olvido parecían conservarlas mejor que cualquier vitrina. Además, algunos vecinos hablaban de niños entre las momias; otros, y ya se sabe del poder de la imaginación humana, de apariciones espectrales entre los escombros del convento. 

El convento fue destruido en 1936, durante la Guerra Civil. En el lugar que antes ocupaban las dependencias monacales se construyeron las llamadas “Antiguas Escuelas”. En ese mismo periodo, la iglesia del convento fue incendiada, quedando parcialmente en ruinas, tal como se conserva en la actualidad.

Desde entonces, el templo ha tenido un uso muy limitado: en 1940 sirvió temporalmente como almacén de grano. El resto del conjunto conventual se mantuvo en funcionamiento como escuela durante varias décadas. De forma esporádica, también fue utilizado como cárcel provisional o cuartel de la Milicia Nacional. 

Hoy, parte de lo que fue la antigua sacristía alberga el Hogar del Pensionista, mientras que las capillas del lado del Evangelio funcionaron como Juzgado de Paz hasta tiempos recientes.



Biblioteca Nacional de España, 1932




viernes, 4 de julio de 2025

El discurso de Clara Campoamor ante las Cortes (1 de septiembre de 1931):

Clara Campoamor, abogada y diputada radical por Madrid, fue la primera mujer en hablar en unas Cortes legalmente constituidas en España. Su intervención se centró en dos temas clave: el derecho al voto femenino y el divorcio.

Defendió con firmeza el sufragio para las mujeres, enfrentando el argumento de que las mujeres votarían influenciadas por la Iglesia. Afirmó que esa idea era infundada y culpó a los propios hombres por permitir durante décadas la educación religiosa femenina. También destacó que la mayoría de las nuevas constituciones europeas tras la Primera Guerra Mundial reconocían el derecho al voto femenino, y España debía seguir ese camino.

En cuanto al divorcio, Campoamor lo defendió como un acto de piedad ante matrimonios fracasados, comparando el vínculo matrimonial indisoluble con una cadena perpetua. Usó citas irónicas como la de Montesquieu para reforzar su argumento de que las leyes no están hechas para matrimonios ideales, que casi no existen.

Su discurso fue recibido con atención y aplausos, aunque algunos criticaron su falta de experiencia con la vida conyugal por ser soltera, insinuando que eso restaba realismo a sus planteamientos sobre el divorcio y el voto femenino.

Biblioteca Nacional de España, 1931.



lunes, 12 de abril de 2021

La carta del cardenal Belarmino al clérigo carmelita Paolo Antonio Foscarini

 

El 12 de abril de 1615, el cardenal Belarmino escribe una carta al clérigo carmelita Paolo Antonio Foscarini mostrando sus discrepancias so




bre la tesis heliocéntrica:

“Me parece que su reverencia y el señor Galileo actúan prudentemente cuando se contentan hablando hipotéticamente y no absolutamente, como siempre he entendido que habló Copérnico. Decir que con la hipótesis del movimiento de la Tierra y el reposo del Sol se explican todas las apariencias celestiales mejor que con la teoría de las excéntricas y epiciclos, es hablar con excelente buen sentido y no correr ningún riesgo. Esa manera de hablar es suficiente para un matemático. Pero querer afirmar que el Sol está, en realidad, en el centro del universo y que solamente gira sobre su eje sin ir de Este a Oeste, y que la Tierra está en el tercer cielo y gira con la mayor velocidad alrededor del Sol, es una actitud muy peligrosa y apta no sólo para excitar a todos los filósofos y teólogos escolásticos, sino también para injuriar nuestra santa fe a contradecir a las Escrituras

Como usted sabe el Concilio prohíbe exponer las Escrituras contra el común consenso de los Santos Padres. Y si su reverencia quisiere leer, no digo sólo los Santos Padres, sino los comentaristas modernos sobre el Génesis, sobre los Salmos, sobre el Eclesiastés y sobre Josué, encontrará que todos convienen en exponer literalmente, que el Sol está en el cielo y gira en torno a la Tierra con suma velocidad, y que la Tierra está lejanísima del cielo y está en el centro del mundo, inmóvil…

Si hubiese una verdadera demostración de que el Sol está en el centro del mundo y la tierra en el tercer cielo, de que el Sol no rodea a la tierra sino la Tierra al Sol, entonces sería necesario andar con mucho cuidado al explicar las Escrituras que parecen contrarias. Habría que decir que no las entendemos, más que decir que sea falso lo que está demostrado. Mas yo no creeré que exista tal demostración, mientras no me la muestren: y no es lo mismo demostrar que, si suponemos que el Sol esté en el centro y la Tierra en el cielo, se salvan las apariencias, y demostrar que el Sol está de verdad en el centro y la Tierra en el cielo. Porque la primera demostración creo que pueda existir, pero de la segunda tengo grandísima duda, y en caso de duda no se debe dejar la Sagrada Escritura, expuesta por los Santos Padres…“.


Años después, otro 12 de abril, pero de 1633, Galileo Galilei comparece ante el Santo Oficio, la Inquisición romana, por las ideas heliocéntricas mostradas en su libro "Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo".


Galileo durante el proceso de 1633

Cardenal Belarmino